Sofia Isabel Henao Chavarriaga
Voy caminando por el largo pasillo del aeropuerto, el cual está frío y bastante silencioso; Era de noche y había llegado a mi ciudad natal, estaba feliz de por fin ver a mi hermana de nuevo y ansiosa por contarle cada una de las cosas que había hecho en mi viaje
Mi hermana y yo vivimos juntas desde hace ya seis años, cuando murieron mis padres en un accidente de tránsito y yo tuve una ruptura amorosa; Luego de eso decidimos vivir juntas porque al final la familia es lo único que uno tiene en la vida, y desde hace seis años, ella es lo único que me quedaba
-Taxi!- capto la atención de uno y en unos minutos estoy rumbo a casa
Mientras el vehículo se dirige hasta la dirección que le di al conductor, veo por la ventanilla y observo todo a mi alrededor, como niña que sacan a pasear y todavía no conoce gran parte de su propia ciudad y si nos ponemos a pensar, todos somos niños que solo conocen menos del cinco porciento del mundo, por eso mi gran meta es conocerlo, conocer donde vivo y las cosas tan maravillosas que tiene este lugar. Sin darme cuenta llegué a mi casa, le pagué al amable señor y con mis maletas me bajé del auto, el señor aceleró y se esfumó en la esquina de la calle y me encontraba ya frente a mi casa
No mentiré, esa casa me trae demasiados recuerdos, recuerdos que me producen nostalgia y hacen que mi ser se llene de sentimientos que no puedo distinguir... El primer diente que mudé, los primeros pasos de mi hermana, mi graduación, la casita del árbol, la remodelación de mi cuarto, los cumpleaños, las navidades, y los años nuevos... Todos esos momentos se habían ido junto con mis padres y solo quedaban recuerdos, algunos alegres y otros melancólicos, pero, por mi salud me concentro solo en los buenos
Camino hasta la puerta y 1..2...3 golpes en ella y en un minuto esta se abre dejando ver a la pelirroja ojos verdes de Elizabeth, mi hermana. Nos abrazamos y me adentro a la casa, voy directo al sofá y dejo mis maletas junto con el perchero de la entrada; Eli sienta a mi lado y me extiende una taza de té, la cual recibo amablemente
-¿Cómo te fue en Tokio?- me pregunta
-Bien, fui a los templos budistas que pueblan las provincias, los teatros, y las vestimentas fueron experiencias únicas- le digo recordando con detalle las veces que fui a los teatros a ver las presentaciones de tecnología, a los museos, a las exposiciones, y los centros de diversiones- Aunque debo admitir que es bastante raro que llegues a un lugar y debes quitarte los zapatos y dormir en el piso
-Me alegro mucho, ¿Y me trajiste algo?- me dice con voz pícara y prometedora
-Si, por supuesto, toma- saco de mi mochila un amuleto omamori y se lo doy
-Wow!, es morado y es raro- dice mirándolo por todos lados- me encanta- alza la vista y me mira por lo que rio, sé que le iba a gustar, a ella le encantan las cosas raras y extrañas
-Sabía que te gustaría, los amuletos ofrecen protección y ese color es tu favorito así que lo escogí- le digo acercándome a ella
-Gracias- dice, y me abraza- siento tanto no haber podido ir, pero enserio esos exámenes eran muy importantes- me dice en un tono de lástima
-Tranquila, será para el viaje a Ibiza- le dije y luego abrí los ojos al acordarme de algo
-Qué?- me dice con su entrecejo fruncido
-No creerás que ese es el único regalo que traje- dije con una sonrisa y voz pícara
-Ropa?- dice y se le iluminan los ojos
-Corre! vamos a ver!- le digo y cogemos las maletas y corremos a mi habitación. Espero volver a viajar pronto y con mi hermana, una aventura nueva surgirá
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